13 may. 2013

Manolo Arandojo

 
El pasado verano visité el Concejo de Ibias (Asturias). Muchos habréis visto las entradas correspondientes a la comarca en este blog. No era la primera vez que estaba en él pero sí la que más a fondo degusté varios de sus pueblos y sus paisajes.
 

Como siempre hago, el mapa topográfico fue mi base para preparar la visita pero también consulté información para saber qué lugares eran especialmente interesantes. En una guía de Ibias encontré las añoranzas de un hombre, Manolo Arandojo, nuestro protagonista, por su pueblo de Santa Comba de Ibias. Su casa. Sus anhelos y suspiros al tener que dejar su tierra natal y buscar su futuro y porvenir en la lejana Argentina junto a su familia, hace 53 años.

 
Ya os conté que visitar Santa Comba es como detener el tiempo durante unos instantes. El pueblo está vacío pero no abandonado. En su humildad está su belleza aunque su valor etnográfico es infinito. Os recuerdo la entrada por si queréis repasarla:
 
Como una energía imperiosa, me atraía encontrar la casa de Manolo, poniéndome con empatía en su lugar. Durante el paseo por el pueblo la reconocí, la fotografié y me felicité por la suerte de estar donde sabía que Manolo añoraría trasladarse en aquel mismo instante. Regresé a casa y le dediqué un trocito de esta Eira de Pedra  a  aquel lugar especial.
 
Y pasaron los meses. Y cuál sería me sorpresa, al ver que el propio Manolo se ponía en contacto conmigo y me brindaba su amistad y sus recuerdos que, amablemente, compartió con todos nosotros en sus comentarios. Haré un resumen de lo compartido.

Manolo emigró a la Argentina hace 53 años, como os decía, cuando contaba con 15 años de edad, con sus padres y hermanos. Fue la primera casa del pueblo que se cerró en busca de un futuro mejor. Tardó 36 años en volver aunque ahora ya lo ha hecho en cinco ocasiones para reunirse con los vecinos que regresan a su pueblo, principalmente durante el estío.

 
 
La foto más antigua que Manolo conserva es de 1926
 
  
Recuerda su niñez en el pueblo como una vida sencilla, humilde pero feliz. Hasta que contaba diez años no hubo maestro en el pueblo y los niños aprendían de un señor mayor, vecino del pueblo, que les daba alguna clase por las noches y, ni siquiera podía acudir a todas porque Manolo trabajaba duro cuidando las ovejas y las vacas. Las llevaba al monte y allí se le iban las horas vigilando para que ningún lobo, muy abundante en aquella época, atacara a alguno de sus animales. Aún así, más de una vez vio como comían alguna oveja que se había descarriado. Recuerda verlos muchas veces y arrojarles piedras para alejarlos. También había muchos zorros y serpientes y llevaba siempre una vara de avellano para protegerse. Aunque nunca vio a ninguno, temía encontrarse con el señor de los montes asturianos: el oso pardo. Los mayores decían a los niños que se comían a las personas infundiendo en ellos el terror.
 
Las vacas eran usadas para arar la tierra con el arado de madera y subían la tierra al hombro en los canastos o "peselas". Un trabajo muy duro.
 
Manolo recuerda también como cuando tenían que vender alguna vaca iban a la feria de Navia de Suarna en Lugo, ya Galicia, caminando entre montañas y por senderos malos durante seis horas. Tenían más cerca esta feria que las de los pueblos grandes de Asturias.
 
1953 con su madre y hermanos
 
 

 
Las mozas del pueblo en 1954. La tercera por la izquierda es la madre de Manolo.
 
 

 
1954
 

 
1956
 

 
1956. Manolo es el más joven.
 
 
Pueblo y vecinos en 1960
 
 
También hicieron él y su familia este trayecto cuando llegó el momento de decir adiós al pueblo, o un hasta pronto que se extendió durante decenas de años. Llegaron andando hasta Navia de Suarna donde hicieron noche para tomar al día siguiente un autobús hasta Vigo y embarcar allí el 31 de octubre de 1959 en el barco Alberto Dodero de bandera argentina.

Lo que vino después, ya es otra historia...

 

 
Manolo en 1960, ya en la Argentina
 

 


 
 
 
 
Con su familia en Buenos Aires en 1965
 
 
 
 
 1967. Trabajando en Argentina. Manolo es el segundo por la izquierda.
 
 
 
 
 
Vuelta al pueblo.
 

 
 
 
 
 
 
 
 

 
Hace 52 años que Manolo dejó sus inciales en esta roca de Santa Comba ( M.A. F.) y ahí continúan.





 
Manolo
 
 

Gracias amigo Manolo por compartir tus recuerdos y tus fotografías con todos nosotros. Tu historia es personal pero, es también la historia de una época en la que España dejó partir a muchos de sus hijos en busca de oportunidades que aquí no existían. Tiempos que, desgraciadamente, y salvando ciertas diferencias, se repiten de nuevo.  
 

Gracias Manolo por tu cariño, tu amabilidad, tu generosidad y tu amistad.
 

Un beso y un gran abrazo desde A Coruña (Galicia- España).
 
 
 



5 comentarios:

  1. Me hiciste llorar amiga de la emocion no tengo palabras para agradecerte lo bien que està y no te olvidaste de ningun detalle todo perfecto muchas pero muchas gracias amigaza

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a tí una vez más. Recoges lo que siembras, amistad y cariño. Un beso, Manolo...

      Eliminar
  2. Maximo vazquez villar13 de mayo de 2013, 21:19

    Esta historia no creo que haga llorar solo a Manolo………..Es una historia fantástica y contada con un gran cariño. snif snif ….un saludo

    ResponderEliminar
  3. Hola Manuel. Tienes toda una vida aquí escrita con unas fotos antiguas muy valiosas sentimentalmente. Mira manuel no se si te di mi canal de YouTube ahi encontraras videos de toda Asturias. Tenia otro canal pero tuve que cerrarlo por culpa de los boludos de YouTube con mas 3000 usuarios ahora empiezo de nuevo.
    www.youtube.com/user/asturianutur
    Si te gustan te registras. Tengo un montón de vídeos para subir pero no me da tiempo para todo. Un saludo Manuel y gracias por todo.

    ResponderEliminar
  4. Gracias Asturianu Tur por tus alagos ya miraré tu pagina para ver los videos muchas gracias paisanu

    ResponderEliminar